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jueves, 7 de mayo de 2026

Murcia, tres culturas pero solo una verdadera

Se celebra entre el 9 y el 31 de mayo la XXVI edición del festival Murcia Tres Culturas, “la gran fiesta de la tolerancia”. Música, danza, conferencias, exposiciones y visitas guiadas componen la programación. Edición tras edición se destaca “la huella compartida de las culturas cristiana, judía y musulmana en Murcia”. En la página web oficial, que muestra destacados los tres símbolos de las tres religiones, la media luna, la cruz y la estrella de David, se pueden leer estas palabras del alcalde de Murcia, José Ballesta (PP): “Con este festival recordamos ese origen y ambiente medieval de la ciudad y la fusión de razas, ideologías y religiones que se produjo en el siglo XIII y que hoy se resumen en la idiosincrasia única del ser murciano. Una época de esplendor y ejemplo de convivencia entre culturas que han nacido, trabajado y muerto en esta tierra que hoy pisamos”.

En la presentación del programa de este año el concejal de Cultura e Identidad, Diego Avilés, declaró que “Murcia vuelve a alzar ese mensaje de convivencia, de paz y de unión, y se sirve de la cultura como ese instrumento útil para poder hacerlo”.

En junio de 2025 PP y VOX firmaron un acuerdo para aprobar los presupuestos de la Comunidad. El punto 2.4 dice: “el Gobierno de la Región de Murcia en el ámbito de sus competencias, no desarrollará ningún programa en los centros educativos de fomento de la lengua árabe y cultura marroquí, tal y como sucede en otras comunidades autónomas”. El Programa de Enseñanza de Lengua Árabe y Cultura Marroquí se inició en 2012, era voluntario, se realizaba fuera del horario escolar, lo financiaba el Ministerio de Educación y lo impartían funcionarios marroquíes. El último año se impartía en 10 centros educativos de la comunidad autónoma y lo cursaban 348 estudiantes. Además de racista y xenófobo, ese punto del acuerdo es absurdo, porque alude a una partida de los presupuestos que no constaba ni podría constar en los presupuestos puesto que no costaba un céntimo a la Comunidad de la Región de Murcia.

Abrimos un paréntesis. En el año 1987 el Gobierno español creó las Agrupaciones de Lengua y Cultura españolas (ALCE), “dirigidas a alumnado de nacionalidad española (o descendientes de españoles) en edad escolar” residentes en el extranjero. Existen más de 300 aulas en 13 países. Además de las ALCE y sin olvidarnos del Instituto Cervantes, encontramos por el mundo centros españoles que imparten enseñanza infantil, primaria y secundaria del sistema reglado español. Por ejemplo, en Marruecos en las ciudades de Rabat, Tánger, Tetuán, Nador, Alhucemas, Larache, Casablanca y El Aaiún. Cerramos el paréntesis.

En julio de 2025 Torre Pacheco (Región de Murcia) sufrió incidentes gravísimos, una “caza al moro” lanzada desde grupos ultraderechistas. La disculpa fue la agresión a un vecino. En la manifestación de protesta contra esa agresión fue atacado un joven, nacido, criado y escolarizado en Torre Pacheco, “culpable” de sus rasgos árabes. El alcalde de Torre Pacheco alentaba los disturbios, detrás de su hipócrita llamada a la calma, declarando en los medios su preocupación por el aumento de la delincuencia. Cuando se le pidieron datos, dijo que no los tenía. Había que entender que los delincuentes eran todos moros, por supuesto; porque los cristianos, damos por hecho que todos buenos (no ha habido ninguna “caza al cristiano”). José Ángel Antelo, jefe entonces de Vox, ahora expulsado, y que fuera vicepresidente del Gobierno autonómico con López Miras (PP), contribuyó a la algarada con su discurso machacón que vincula inmigración y delincuencia, esa inmigración “de los machetazos”, que “agrede a nuestros ancianos y que viola a nuestras hijas en nuestras calles”.

Por desgracia, este caso de racismo y xenofobia en Torre Pacheco no fue ni el primero ni el último en la región. El 6 de agosto de 2025, La Opinión de Murcia titulaba: “PP y Vox prohíben en Jumilla la celebración de dos grandes festividades musulmanas en instalaciones deportivas municipales”, en referencia al final del Ramadán y a la Fiesta del Cordero.  

Precisamente en 2025 la ciudad de Murcia celebraba el 1.200 aniversario de su fundación por Abderraman II.  Otro inmigrante ilegal y, por lo tanto, otro delincuente. En la declaración institucional por este aniversario, el alcalde de Murcia (PP) manifestaba que “Murcia es una ciudad de fronteras y civilizaciones, ejemplo de convivencia de culturas, de riqueza y diversidad”.

Dejemos a un lado la idealización falsaria del pasado, sobre todo de quienes con una mano ondean el estandarte de la convivencia de las tres culturas mientras con la otra alardean con la espada de la Reconquista. Los maravillosos discursos del señor alcalde de Murcia se quedan en la nube de la maravilla y los de su concejal de Cultura e Identidad (ojo a eso de Identidad), también. Porque no encontrarán ni una palabra ni del uno ni del otro en contra de las declaraciones incendiarias de su colega de Torre Pacheco en ese verano de 2025, ni por la prohibición de Jumilla, ni tampoco han levantado la voz para protestar por la supresión de las aulas de árabe, impuesta por el discurso ultra de Vox y aceptada por el Gobierno del presidente López Miras (PP). Mientras el alcalde y el concejal murcianos no se pierden fiesta cristiana, procesión o misa, no les verán ni por casualidad en las fiestas musulmanas; tampoco en las judías, una comunidad minoritaria en la región. Vivan las tres culturas, sí, vivan, pero solo hay una verdadera.

El gran incendio del racismo y la xenofobia no estalla de pronto. Lo provocan discursos intencionados, pequeños incendios que, si no se apagan al instante, se extienden con mucha facilidad. Los dirigentes del PP de la Región de Murcia, por acción o por omisión, siempre se encuentran en el origen de las quemas incontroladas. Y, claro, hablar al mismo tiempo de convivencia de civilizaciones y culturas, de riqueza y diversidad, suena a hipocresía y cinismo, disculpen la redundancia.

La ciudad de Murcia disfrutará de los conciertos y otras actividades de esta nueva edición del festival Murcia Tres Culturas y, si tienen la suerte de andar por aquí, ustedes también.

 

viernes, 1 de agosto de 2025

López Miras y los sapos ultras

 

El miércoles 30 de julio entró en vigor en la Región de Murcia la ley 2/2025 de participación institucional, que modifica la de 2017. Se suprimen las subvenciones a los sindicatos y organizaciones empresariales. Es otro sapo ultra que se ha tragado el Gobierno de Fernando López Miras (PP) para sacar los presupuestos de 2025 con la abstención (ojo, abstención, ni siquiera el voto afirmativo) de Vox.

La exposición de motivos es una vergüenza legislativa por incoherente, contradictoria y tramposa, muy apropiada, sí, para una ley cínica escrita por caraduras.

En la primera parte resume lo que la Constitución reconoce a las organizaciones sindicales y empresariales, “uno de los pilares básicos de nuestro Estado social y democrático de derecho”, y cita el artículo que “consagra su papel como organizaciones básicas para la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales”. No citarás la Constitución en vano, salvo que seas un cínico.

Los apartados II y III se convierten en dos charcos en los que saltan los sapos ultras. Se vuelca toda la ideología de la extrema derecha. Se trasladan al boletín oficial de la Región de Murcia los eslóganes que Vox repite constantemente, que muestran su antisindicalismo y su falta de reconocimiento de las organizaciones que tienen una representación reconocida en elecciones sindicales con todos los avales legales y administrativos (la representación empresarial a través de la CEOE va de otra manera, pero eso es otro tema). Es decir, contradice la Constitución porque rechaza lo más básico, la representación democrática de las trabajadoras y trabajadores. En palabras de Vox, que ahora son palabras del Gobierno regional y del boletín oficial: “el monopolio sindical subvencionado que las distintas Administraciones han promovido hasta ahora”. El único ejemplo de monopolio sindical lo encontraremos en el Sindicato Vertical franquista. Tanto mencionar la Constitución para acabar descalificándola como franquista, esa cosa que tanto aprecio les merece a los ultras.

A las compensaciones por asistir -y contribuir- a los órganos de representación institucional se les llama “prerrogativas”, es decir, privilegios. No se discuten las de sus señorías parlamentarias ni las de las consejeras o consejeros. Nos encontraremos, pues, con que en cualquiera de esos órganos institucionales haya una parte con “prerrogativas” y otra parte que acuda “a título gratuito”.

Con esta medida “se pretende contribuir a un gran ahorro presupuestario”, que se destinará “a otras áreas prioritarias como sanidad, educación o infraestructuras”. Teresa Fuentes, secretaria general de CC OO Región de Murcia, lo cuantifica en un 0,014% del presupuesto. Lo que repartido entre tres nos da un aumento en esas partidas de 0,0046%. Un suspiro de alivio habrá recorrido los pasillos de hospitales y centros de salud, de colegios, institutos y universidades. Y en lo que resta de 2025 el presidente López Miras colocará muchas primeras piedras de otras tantas infraestructuras muy necesarias para la región. Las segundas piedras ya si eso lo vamos viendo.

El sapo caradura de la charca croa que con esta ley “se ahonda en una mayor transparencia y control del dinero público, ya que obligaría a las organizaciones a financiarse con recursos propios o mediante mecanismos más transparentes, reduciendo el riesgo de uso indebido de fondos públicos”. Lo de financiarse con recursos propios está muy bien, ¿pero nada más que sindicatos y patronal? ¿No vale para todas las asociaciones a las que se subvenciona con dinero público? ¿No vale para los partidos políticos? Y hablando de transparencia, Vox acaba de ser multado por tercera vez por el Tribunal de Cuentas por financiación irregular. En total, Vox suma ya más de un millón de euros en multas.

El sistema de representación sindical en España se reconoce por las elecciones sindicales. Habrá que repetirlo y repetirlo después de casi 50 años. Los delegados y delegadas sindicales elegidos, empresa a empresa, representan a todos, no solo a quienes estén afiliados. Por eso, los acuerdos que llegan con las patronales y las administraciones públicas benefician al conjunto. En España no existen los acuerdos de eficacia limitada, es decir, aquellos que solo afectan a la afiliación del sindicato o sindicatos que los hayan firmado.

A pesar de ello, en las charcas ultras de la exposición de motivos de esta ley se croa que “Para ejercer una verdadera representación de los trabajadores es necesario que los interlocutores sociales se financien a través de las cuotas de sus propios afiliados”.

Un dato más. Según el portal de transparencia que se puede consultar en la página web del sindicato, CC OO tiene 1.088.772 personas afiliadas (cualquier comparación con partidos políticos o asociaciones diversas subvencionados sería odiosa). Se financia con un 83,82 de ingresos propios (cuotas de la afiliación). Recibe un 5,19% de subvenciones públicas y un 10,99% de programas finalistas.  

Tanta palabrería incoherente, contradictoria y tramposa para acabar resolviendo la ley, por decirlo en el lenguaje abobado propio de los eslóganes que la inspiran, que se les quitan las subvenciones a sindicatos y patronal. El TSJ de Castilla y León ya falló contra una medida similar. Quizá López Miras tenga que tragarse otro sapo, aunque esta vez no fuera ultra.